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Familia Zárate-Fabián

La obra cerámica de la familia Zárate-Guadalupe tiene sus raíces dos generaciones atrás en la familia de Eligio. Su abuelo inició la práctica, que hoy va en su cuarta generación, pues las hijas de Eligio y Guadalupe —Dalia Ixcel, Daniela Guadalupe y Gabriela Lisette— también trabajan el barro, cada una con su propia tarea en el proceso. En tiempos de su abuelo, la cerámica en Oaxaca tenía un propósito exclusivamente utilitario y, aunque esa loza todavía existe, muchos artesanos se han convertido en artistas en las nuevas generaciones. La caída de su mercado utilitario se debió en gran parte al auge del plástico a lo largo de las décadas, lo que obligó a los artesanos a buscar nuevas formas de crear con el barro. El abuelo de Eligio le enseñó a su padre, quien a su vez le enseñó a él los mismos diseños tradicionales que se habían practicado por más de un siglo. Eligio tenía apenas seis años cuando empezó a hacer figuras, juguetes y, de vez en cuando, a ayudar en el negocio familiar. Al crecer, también creció su curiosidad, y comenzó a cuestionar las viejas ideas sobre la cerámica. Eligio y Guadalupe se conocieron en la universidad estudiando Ingeniería Técnica y en un principio no pensaban dedicarse a la cerámica; pero, al no encontrar trabajo en su profesión, ambos volvieron al barro. Se casaron en 1999 y decidieron tener su propio negocio, con el deseo de hacer las cosas de otra manera. Guadalupe no tenía experiencia en cerámica, pero el oficio le fascinó y se convirtió en aprendiz de Eligio, ayudándolo en su largo proceso. Compartiendo el deseo de hacer algo único, quedaron cautivados por el esmalte blanco al ver una muestra que llegó a su pueblo, Atzompa. Comenzaron a diseñar piezas nuevas e innovadoras y se han hecho un nombre en todo México. Destacan por su capacidad para trazar diseños geométricos limpios y precisos en sus ollas, jarrones y esculturas.

Familia Zárate-Fabián

La obra cerámica de la familia Zárate-Guadalupe tiene sus raíces dos generaciones atrás en la familia de Eligio. Su abuelo inició la práctica, que hoy va en su cuarta generación, pues las hijas de Eligio y Guadalupe —Dalia Ixcel, Daniela Guadalupe y Gabriela Lisette— también trabajan el barro, cada una con su propia tarea en el proceso. En tiempos de su abuelo, la cerámica en Oaxaca tenía un propósito exclusivamente utilitario y, aunque esa loza todavía existe, muchos artesanos se han convertido en artistas en las nuevas generaciones. La caída de su mercado utilitario se debió en gran parte al auge del plástico a lo largo de las décadas, lo que obligó a los artesanos a buscar nuevas formas de crear con el barro. El abuelo de Eligio le enseñó a su padre, quien a su vez le enseñó a él los mismos diseños tradicionales que se habían practicado por más de un siglo. Eligio tenía apenas seis años cuando empezó a hacer figuras, juguetes y, de vez en cuando, a ayudar en el negocio familiar. Al crecer, también creció su curiosidad, y comenzó a cuestionar las viejas ideas sobre la cerámica. Eligio y Guadalupe se conocieron en la universidad estudiando Ingeniería Técnica y en un principio no pensaban dedicarse a la cerámica; pero, al no encontrar trabajo en su profesión, ambos volvieron al barro. Se casaron en 1999 y decidieron tener su propio negocio, con el deseo de hacer las cosas de otra manera. Guadalupe no tenía experiencia en cerámica, pero el oficio le fascinó y se convirtió en aprendiz de Eligio, ayudándolo en su largo proceso. Compartiendo el deseo de hacer algo único, quedaron cautivados por el esmalte blanco al ver una muestra que llegó a su pueblo, Atzompa. Comenzaron a diseñar piezas nuevas e innovadoras y se han hecho un nombre en todo México. Destacan por su capacidad para trazar diseños geométricos limpios y precisos en sus ollas, jarrones y esculturas.

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Rombo nace como un espacio para las voces que rara vez se escuchan. Es un punto de encuentro entre arte, diseño y humanidad; unpuente que une a los creadores con el mundo. Creemos en el poder del trabajo honesto y en la belleza que surge de manos que crean con propósito.

 

Desde México, buscamos descubrir y acompañar a artistas y familias artesanas cuyo talento merece ser visto, valorado y celebrado. Cada obra que compartimos es parte de un sueño más grande: construir una nueva era del arte, donde el reconocimiento y la prosperidad alcancen a quienes dan forma a nuestra cultura.

 

Rombo es ese comienzo — un acto de fe en el arte, en la comunidad y en el poder de crear juntos.

 

 

 

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